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El Saloncito de Ross

Educación en tiempos de espera: un derecho vulnerado para millones de personas refugiadas

Por: Fernando Redondo


43,3 millones de personas viven como refugiadas y desplazadas en el mundo a causa de conflictos y persecuciones. De estas, aproximadamente 22 millones son niños, niñas y jóvenes menores de 22 años refugiados y desplazados, que siguen sin tener garantizado el acceso a la educación..

La Biblioteca de Castilla–La Mancha ha acogido la presentación realizada por” Entreculturas”:http://www.canalsolidario.org/ongs/entreculturas-fe-y-alegria/44/view del informe Educación en tiempo de espera. Un derecho vulnerado para millones de personas refugiadas y desplazadas, con motivo del 30 aniversario del Servicio Jesuita a Refugiados, que pone de manifiesto la vulneración del derecho a la educación de millones de personas refugiadas y desplazadas, a pesar del reconocimiento internacional de este derecho. El informe se centra en los casos de Colombia y Sur Sudán, los dos países con el mayor número de población desplazada del mundo, y además se recogen las cifras de desplazados internos y refugiados en el mundo.

Juan Carlos Gil, delegado de Entreculturas en Castilla–La Mancha, ha iniciado la presentación del informe recordando que Entreculturas es una ONG promovida por la Compañía de Jesús, que está presente en las zonas más empobrecidas de América Latina, África y Asia y desarrolla programas que hacen posible que más de 1 millón de personas tengan acceso a una educación de calidad. Además ha afirmado que “Entreculturas apuesta por la educación como instrumento de cambio, de justicia social y de diálogo entre culturas”, un trabajo que en Castilla – La Mancha viene desarrollando desde el año 2001.

Además, y como coorganizador del acto, ha destacado que el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), es una organización internacional creada en 1980 por el jesuita Pedro Arrupe para el acompañamiento, servicio y defensa de derechos de las personas refugiadas, aquellas en situación de desplazamiento forzoso y personas retornadas. El SJR es el principal socio local de Entreculturas en el continente africano y uno de los principales en América Latina; en ese sentido, y como señala Gonzalo Sánchez – Terán, “en el SJR no sólo trabajamos con los refugiados y los desplazados, vivimos con los refugiados y los desplazados. Acompañamos a las personas con quienes caminamos un largo trecho, convencidos de que para hacer un buen trabajo es preciso andar al lado de la gente, escuchando y comprendiendo”.

De igual manera ha señalado, con datos del Informe que ha sido presentado a la sociedad castellano - manchega, que “el número de personas refugiadas y desplazadas en el mundo a causa de conflictos y persecuciones es de 43,3 millones, según cifras del año 2009. De estos, aproximadamente 22 millones son niños, niñas y jóvenes menores de 22 años refugiados y desplazados, que representan el 51% del total. De los 43 millones, 15,2 millones son personas refugiadas, 27,1 millones son personas desplazadas dentro de su propio país y cerca de un millón de personas son solicitantes de asilo, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR)”.

Lucía Rodríguez, coordinadora del Área Relaciones Institucionales de Entreculturas, ha señalado que “pese a que el derecho a la educación está reconocido por la comunidad internacional, éste se vulnera de manera sistemática, habiendo una brecha entre teoría y práctica”. Y es que lo cierto es que una gran mayoría de niños y niñas desplazados no recibe educación. Tampoco la población adulta y joven desplazada o refugiada ve satisfecho su acceso a una educación y aprendizaje permanente. Esta vulneración del derecho a la educación dificulta el cumplimiento de otros derechos.

La coordinadora del área de relaciones institucionales, Lucía Rodríguez, también ha manifestado que “pese a que hay un fuerte anhelo y deseo de retornar a sus hogares, la mayoría de la población refugiada lo estará durante un periodo largo, con una media de diecisiete años”. Este hecho tiene importantes implicaciones para niños, niñas y jóvenes, ya que pasarán su infancia y juventud en campos de refugiados o en asentamientos improvisados. Estos desplazamientos masivos de población implican para millones de niños y niñas una desventaja educativa extrema de cara al futuro.

El informe hace un especial hincapié en el tema de género. En los campos de refugiados es menor el número de niñas que acuden a la escuela que el de niños. Esta diferencia es mayor a medida que aumenta el nivel educativo, de manera que, por lo general, se aprecia un importante descenso en el porcentaje de niñas que participan en niveles superiores de la educación primaria o secundaria.

En educación secundaria, las cifras de desigualdad por razón de género son aún mucho mayores. En este sentido, Leone Lam Ferem, sudanés, refugiado juntamente con toda su familia durante 14 años en Uganda, y en la actualidad director de proyectos de SJR en Lobone (Sur Sudán), ha explicado de primera mano la importancia de la educación de las niñas y jóvenes “ya que las niñas de ahora son las mujeres del futuro. Educar una niña es educar el mundo, y este es nuestro deseo para ser un país fuerte”, ha indicado. Además, ha expuesto los beneficios del programa “Acción Afirmativa” que se lleva a cabo en Lobone y Nimule, en el que “el número de niñas que acaban la secundaria ha incrementado considerablemente en los últimos años gracias a todas las acciones de promoción de la escolarización de las niñas”. “Cuando después de 21 años de guerra, pudimos volver a nuestros hogares, la gente se preguntaba por qué habíamos vuelto ya que no había nada, ni escuelas ni infraestructuras. Dábamos clases debajo de un árbol, pero poco a poco se fueron creando escuelas y hogares, y ahora los niños vuelven a jugar en la calle”, ha manifestado.

Carol Fernanda, miembro del equipo de acción humanitaria y prevención del SJR en Colombia, ha puesto sobre la mesa la vivencia de miles de mujeres y niños que se ven obligados a desplazarse forzosamente de sus hogares a causa del conflicto sociopolítico. “Una de las principales causas de desplazamiento es la vinculación y posterior reclutamiento de niños, niñas y jóvenes”, ha explicado. Además, en Colombia uno de los peligros más grandes es el de la invisibilización de la población desplazada, ya que no suele producirse en masa, sino “gota a gota, hacia la periferia de las grandes ciudades, estableciéndose en barrios ya de por sí vulnerables: la gente llega silenciosamente a los barrios, y esta realidad pasa a ser invisible”.

Las principales conclusiones del informe inciden en que la educación es un derecho de todas las personas reconocido por la comunidad internacional, que se vulnera; en los casos en los que existe el acceso a la educación, ésta suele darse sólo en las primeras etapas educativas, y la calidad es, en ocasiones, deficiente; la educación es considerada fundamental por las propias personas refugiadas y desplazadas; hay una marcada discriminación en el acceso a la educación de las niñas refugiadas y desplazadas y, sobre todo, un abandono mucho mayor de la escuela; la educación constituye una herramienta de protección para la población refugiada y desplazada; la educación es una condición para el desarrollo; y que la educación debe ser prioritaria en el trabajo con población refugiada o desplazada y constituye una acción fundamental en situaciones de emergencia

Ampliar la definición y por tanto el amparo legal de los refugiados y desplazados, mejorar las condiciones de repatriación y de asilo, así como promover desde la Comunidad Internacional unas políticas justas y que protejan a todas estas víctimas son algunos de los retos que propone el informe. Para ello, la educación es una de las claves esenciales.

Puedes ver el vídeo del trabajo educativo del SJR en Sur Sudán y Colombia:



Bonito reto para todas las personas solidarias...

Saluditos,

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